Guillermo Almeyra – Kraft: 36 días de lucha y una primera batalla victoriosa

Posted on 25 ottobre 2009

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La poderosa trasnacional, con el apoyo de la burocracia del sindicato de la alimentación dirigida por Rodolfo Daer, de la prensa antigubernamental, la embajada estadunidense y el Departamento de Estado, que presionaron al gobierno argentino, tuvo que retroceder en sus planes de imponer turnos de 12 horas, ritmos de producción más intensos y de suprimir el combativo turno de la noche, echando además a 153 obreros, muchos de ellos delegados, entre los cuales se contaban los miembros de la comisión interna (que se opone a Daer).

Treinta y seis días de ocupación, asambleas continuas, cortes diarios de la ruta Panamericana y de las principales calles porteñas, enfrentamientos con la caballería y con la infantería de choque que se metieron en la fábrica, la solidaridad de las agrupaciones universitarias y secundarias, de los partidos de izquierda, de los vecinos y de las direcciones combativas de otros sectores obreros, permitieron a los casi 2 mil obreros de Terrabusi-Kraft imponer a la patronal la reincorporación de todos los miembros de la comisión interna y de la mayoría de los despedidos y suspendidos, aunque aún falta reincorporar a 52, cuyos casos serán analizados individualmente y muchos de los cuales probablemente también volverán a trabajar, ya que siguen las movilizaciones y los paros internos.

La empresa amenazaba con irse a Brasil: tuvo que prometer que se quedará y firmar que no modificará ni los horarios ni los ritmos ni los turnos. Además, tendrá que negociar en la fábrica con la comisión interna y los delegados, que quería barrer y que, en cambio, debió reincorporar.

La combinación entre la presión obrera y estudiantil y la ofensiva desestabilizadora de la oposición, que amenaza directamente al gobierno, llevó por otra parte al Ministerio de Trabajo a poner multas millonarias a Kraft por el incumplimiento de resoluciones ministeriales y de órdenes de la justicia, y a bregar por la reincorporación de los dirigentes sindicales clasistas. Además, colocó también, junto a los obreros y los estudiantes en lucha, al premio Nobel Pérez Esquivel y muchos intelectuales, e inclusive al secretario general de la CGT, Hugo Moyano, jefe del sector burocrático prokirchnerista y adversario político de Daer, ex secretario de la CGT servil con Menem.

Los obreros de Kraft, con una dirección combativa y de izquierda plural (predominan los maoístas del PCR, pero también hay miembros del PST y obreros de otras tendencias), cambiaron el panorama político logrando alianzas que se habían derrumbado en 2002-2003. Por primera vez en decenas de años una trasnacional pierde su batalla al intentar barrer de la empresa a los que organizan la defensa obrera, y, por primera vez en más de medio siglo, el Ministerio de Trabajo utiliza la fuerza pública contra la empresa y multa a ésta, en vez de lanzarse contra los trabajadores.

En parte, ya había sucedido lo mismo en Praxair, en la misma localidad, también con una gran trasnacional estadunidense, la mayor productora de gases de América, con 27 mil trabajadores en 40 países y sucesora de Union Carbide, la que produjo el desastre en Bophal, India, donde murieron 30 mil personas por emisiones nocivas. Allí la patronal estadunidense no respetaba los horarios, quería imponer sus normas esclavistas de trabajo e impedir la constitución de una organización sindical

Y allí también fue derrotada. Los obreros de Praxair suspendieron labores durante días y en cada turno el trabajo para realizar asambleas en apoyo a los de Kraft e ir a cortar la ruta Panamericana, y ven ahora, orgullosamente, que el triunfo parcial pero muy importante de sus compañeros de Terrabusi-Kraft es resultado de su propia lucha.

La pelea por la reincorporación de todos los despedidos continúa, pero ya en una nueva relación de fuerzas. La batalla política y sindical de los obreros de Terrabusi-Kraft pone en escena a los trabajadores organizados sindicalmente, unidos a los estudiantes y a la izquierda. Ya no estamos sólo ante un combate entre dos facciones capitalistas pues el tercero en discordia, el movimiento obrero organizado, en su sector más combativo y democrático, se ha movido y ha logrado un gran éxito. Todavía quedan fuera de la fábrica muchos delegados que, en su momento, no fueron registrados como tales y, por tanto, formalmente no tienen fuero. Además, hay divergencias no sólo tácticas entre los miembros de la mayoría de la comisión interna, maoístas, desesperados por arreglar el conflicto a cualquier precio, y el miembro del PTS, trotskista, representante del turno de la noche, quien quería que una asamblea general –no los dirigentes– resolviera al respecto. La lucha no ha terminado sino que pasa a otra fase menos espectacular. Las presiones de la patronal aumentarán sobre cada uno de los trabajadores, la burocracia sindical tratará de lograr que en las elecciones gremiales triunfen sus candidatos conciliadores y, por tanto, serán decisivos el grado de unidad y el nivel de conciencia sobre lo que se puede hacer en estas condiciones y sobre los cambios en las relaciones de fuerza entre los contendientes, para no retroceder ni emprender aventuras.

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