Celebra Hugo Chávez 18 años de rebelión cívica militar en Venezuela

Posted on 5 febbraio 2010

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Ante simpatizantes insiste en prever un gobierno de la revolución, con o sin él, hasta 2030

Ex dirigente magisterial llama a no soltar la calle, como tarea electoral fundamental

Diputado oficialista admite que ha habido una política equivocada hacia los jóvenes

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Jóvenes protestaron ayer en Caracas contra el gobierno del presidente Hugo ChávezFoto Reuters

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Un manifestante levanta un muñeco que representa al mandatario Hugo Chávez, ayer durante la conmemoración del aniversario del fallido golpe de Estado contra el socialdemócrata Carlos Andrés Pérez, que catapultó hace 18 años al entonces teniente coronel hacia la fama y luego a la presidenciaFoto Ap

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Simpatizantes de Chávez presencian la parada militar en la Avenida de los Héroes del Fuerte TiunaFoto Ap

Arturo Cano

Enviado

Periódico La Jornada
Viernes 5 de febrero de 2010, p. 18

Caracas, 4 de febrero. Si hace 18 años el teniente coronel Hugo Chávez hubiera tenido esos aviones de combate que hoy sobrevuelan el Fuerte Tiuna, otro gallo le hubiera cantado. Pero no. El golpe de Estado contra Carlos Andrés Pérez –responsable del caracazo entre otras linduras– fracasó. Por ahora, dijo Chávez en la televisión de 1992, y fue a prisión. Siete años después ganó la presidencia de Venezuela con 56 por ciento de los votos. Once años más tarde, Chávez conmemora aquella fecha, con una concentración que se transmite en cadena nacional, en el mismo lugar donde fue traído, preso, cuando le aplicaron la misma medicina, en abril de 2002, mediante el golpe de Estado que la justicia venezolana llamó vacío de poder.

La manifestación es convocada a las ocho de la mañana. Los chavistas comienzan a reunirse a esa hora, pero inician la larga marcha al campo militar al filo del mediodía. Chávez habla hasta las tres de la tarde.

Antes, toma el juramento del nuevo ministro de Defensa, general Carlos Mata, en una ceremonia que incluye aviones, trajes de gala, una espada del libertador Simón Bolívar y los aviones referidos surcando el aire de Caracas.

Condecoraciones

En la misma ceremonia, Chávez impone la condecoración 4 de febrero de 1992 a varios militares que lo acompañaron en la intentona golpista de aquel año. Hoy, muchos de ellos son altos funcionarios del gobierno central o los departamentales.

Al frente del templete, cientos de soldados saludan a su nuevo jefe y al comandante de la revolución. A los costados, miles de chavistas con sus camisetas rojas sudan el intenso sol caraqueño.

Pueblo y fuerza armada avanzan hacia el socialismo, reza la enorme manta a espaldas del presidente y la cúpula militar.

¡El pueblo es al soldado como el agua al pez!, como diría Mao Tse Tung, grita Chávez, y los miles aplauden gritan vivas y responden con cantos a las consignas de la oposición. Varios centenares portan camisetas que aluden a la fecha que se conmemora: 4F, el amanecer de la esperanza.

En la transmisión en cadena nacional, el 4 de febrero de 1992 es el Día de la Dignidad o bien de la rebelión cívica militar.

Chávez explica: “Hoy, 18 años después, nosotros estamos aquí con la frente en alto, pues cumplimos con una jornada necesaria, inevitable. Salimos detrás de un juramento, detrás de un compromiso. El caracazo, el 27 de febrero de 1989, fue la gota que derramó el vaso, una rebelión popular provocada por el pueblo azotado por el hambre y la pobreza extrema que llegó a más de 40 por ciento y el atropello de aquellos gobiernos que no escuchaban al pueblo, que seguían la consigna de Rómulo Betancourt de ‘disparen primero y averigüen después”.

Las efes de los estudiantes y el llamado de Aristóbulo

A cuatro estaciones del metro de distancia, unos mil 500 estudiantes de diversas universidades, más públicas que privadas, se reúnen para marchar contra Chávez. Traen carteles que rezan: 4F: fraude, fracaso, fascismo, farsa.

Un cordón policiaco les impide abandonar la Plaza Brión para dirigirse a la Asamblea Nacional. ¡Y no, y no, no nos quitarán el derecho a protestar!, grita la valla de los dirigentes antes de arrancar a toparse con los granaderos de la Policía Metropolitana (PM).

Para nosotros el 4 de febrero es el día en que la democracia se vio violentada por los intereses personales de un militar, dice Roderick Romero, de la Universidad Central de Venezuela (UCV), el equivalente nacional de la UNAM.

Detrás de él, la cámara de la estatal Telesur provoca los gritos exaltados no de los muchachos, sino de algunas de sus mamás y abuelas que vinieron: ¡Fuera los cubanos, fuera los cubanos!

La semana anterior, los medios internacionales reseñaron movilizaciones estudiantiles enormes. La escasa asistencia es explicada por varios de los muchachos porque la alcaldía de Caracas no les dio permiso de marchar, para evitar que ellos, los blancos, se toparan con los rojos chavistas.

Quizá son pocos pero, a diferencia de hace dos años, ahora están en todos los puntos del país.

Muchos de estos jóvenes usaban pañal el 4F de la conmemoración. Y muchos mudaban dientes cuando Chávez llegó al poder. Desde que tengo uso de razón ese señor es el presidente, dice María Gabriela Guevara, estudiante de educación en la UCV. ¿En tu familia hay chavistas?, se le pregunta. Mi familia es perfecta, gracias a Dios.

Los jóvenes dicen que su protesta no es por la apertura del canal de televisión RCTV Internacional. Tal vez fue el detonante, pero nosotros luchamos por libertad, por una Asamblea Nacional con pluralidad, por democracia y seguridad pública, resume Moisés González, estudiante de sociología.

La agenda electoral no es oculta. Yo sí decido, yo sí participo, yo sí voto, se lee en afiches, blogs y toda la propaganda del movimiento estudiantil. Desaparecidos los petroleros, quemados los políticos de la IV República, tatemados los líderes empresariales, a la oposición venezolana sólo le quedan unas cuantas figuras, ninguna con la talla para enfrentar a Chávez en las urnas. De modo que los jóvenes, ellos sí presentables, son la vanguardia opositora en los medios, y en las calles.

Aristóbulo Isturiz, un viejo dirigente magisterial y ex ministro de Educación, es una de las caras del chavista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). En un programa matutino de televisión, explica las tareas electorales a los militantes y añade una, que dice es central: de aquí en adelante no soltar la calle.

A la misma hora, en otro canal, habla un joven dirigente de la Universidad Simón Bolívar (parte de un desfile, porque cada día aparece un joven distinto, aunque con un discurso muy similar). Isturiz habla de la necesidad de que el chavismo llegue con todo a las elecciones de septiembre. El dirigente estudiantil también.

Fue un error no ir a los comicios de 2005, dice, en referencia a la ocasión en que las oposiciones dejaron solo al chavismo, gracias a lo cual el PSUV tiene entre 167 diputados; sólo hay ocho opositores, y eso es resultado de una escisión del chavismo.

Los oficialistas acusan a los estudiantes de ser un instrumento de políticos opositores, pero estos jóvenes tampoco se fían de los líderes de la oposición. Chávez tiene una propuesta, le llegó a la gente humilde, la oposición no, tampoco está unida y está llena de caras viejas, dice Alex Vásquez, estudiante de una universidad católica, quien estaba en el vientre de su madre cuando el teniente coronel Hugo Chávez intentó tumbar a Carlos Andrés Pérez.

A pesar de esa opinión, Vásquez piensa que la mayoría de los chavistas lo son por las dádivas que reciben. Aquí todos llegamos en Metro, a los chavistas los llevan en autobuses, dice con mucha convicción.

El Intumbable y las reinas de belleza

En el Metro, sin embargo, los trenes escupen y escupen chavistas toda la mañana. Dado que los puntos de concentración están en la misma línea, camisas rojas y camisas blancas se topan en andenes y vagones, y se dan un trato civilizado. Se agarran del mismo tubo, por ejemplo, un rojo cuya camiseta dice Uh ah, Chávez vencerá, y una blanca, con el letrero de la Universidad Católica de Santa Rosa. Todo en paz, aunque queda la duda de por qué la revolución bolivariana hace agua en el sector estudiantil.

Ha habido políticas equivocadas hacia los jóvenes venezolanos, admite el diputado y ex guerrillero Daniel Hernández. Nos hemos dirigido más a los barrios, hacia los sectores más empobrecidos. La riqueza petrolera, además, ha generado patrones de consumo distorsionantes que afectan sobre todo a las clases medias.

En ademán de rascarse la cabeza, alude a uno de los rasgos del alma venezolana, consumidora de cosméticos y cirugías como ninguna otra: El rito de las reinas de belleza acaba con un año de trabajo con la juventud.

Mientras los estudiantes muestran esa carencia de la revolución o esa distorsión del oro negro, los chavistas se bajan dos estaciones antes y salen al mar de camisetas rojas que inundan el lugar, a las calles que arden llenas de puestos de fritangas, cocos fríos, paletas y toda la iconografía de la revolución bolivariana.

Las camisetas de diseños estrambóticos con la imagen de Chávez no tienen tanto éxito como un muñequito de plástico que los ambulantes lanzan al aire y siempre cae parado. Tiene la cara de Chávez, naturalmente, y se llama El Intumbable.

A ver a El Intumbable también han venido algunos jóvenes, unos de la UCV, la mayoría de las nuevas universidades creadas por el régimen. Venimos a apoyar al presidente, dice Marina Pérez, de la Universidad Bolivariana, quien es de la idea que los estudiantes opositores están mal, porque Chávez nos ayuda con las escuelas y las becas, completas, mientras algunos de sus compañeros se divierten subiéndose a los tanques de la Avenida de los Próceres, dentro del Fuerte Tiuna.

Cuando Chávez habla, ya muchos de los marchistas tocan retirada, tras largas horas bajo el sol.

Sigan tratándolo, pues, de tumbar el gobierno revolucionario con las manitos blancas, sigan tratándolo, nunca lo van a lograr, porque si nos buscan por el camino de las armas aquí estamos nosotros, con la espada de Bolívar, dispuestos a batirnos donde sea por la libertad de Venezuela, por la revolución bolivariana, no se equivoquen con nosotros.

Chávez no ve enemigo pequeño, porque insiste en referirse a ellos, además de pronosticar un gobierno, con él o sin él pero de la revolución, hasta el año 2030. La suya de 1992 sí fue una verdadera rebelión, dice: No estos cuatro hijos de papá de la burguesía. ¿Qué pretenden ellos apoderarse de esa condición heroica de estudiantes? Estudiantes verdaderos son los hijos del pueblo, los verdaderos estudiantes, los luchadores, la juventud, no los hijos de la burguesía, empujados por el imperialismo, empujados por la aristocracia venezolana para tratar de derrocar a este gobierno.

Más o menos a esa hora, la policía desaloja a los jóvenes que se han desplazado hacia la Plaza Venezuela. No con espadas, sino con un carro antimotines que lanza agua, vulgo ballena. Aunque son muy pocos, la policía les regala las tomas para que sigan siendo héroes en Globovisión.

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