Enfrenta Calderón la ira juarense; “no es bienvenido”, le dicen

Posted on 12 febbraio 2010

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Patricia Dávila

CIUDAD JUAREZ, Chih., 11 de febrero (apro).- El presidente Felipe Calderón enfrentó la ira de los juarenses en su visita a esta ciudad: En una reunión con familiares de los 15 jóvenes asesinados en la colonia Villas de Salvárcar, una de las madres lo encaró y le exigió que se retractara y disculpara por haber declarado que la masacre fue producto de una enfrentamiento entre pandilleros.

“¡Disculpe señor presidente yo no le puedo dar la bienvenida porque no lo es. Aquí se han cometido asesinatos, quiero que se haga justicia, quiero que me regrese a mis niños. No puedo darle la mano porque no es bienvenido. Quiero que se retracte de lo que dijo cuando acusó a mis hijos de ser pandilleros, quiero que pida perdón!”, demandó María de la Luz Dávila, madre de dos de los 15 adolescentes masacrados el sábado 30 de enero.

La mujer, madre de Marcos y José Luis Piña Dávila, interrumpió el discurso del gobernador y se plantó frente a Calderón y le exigió que se retractara de las declaraciones hechas en Tokio, Japón.

Sin quitarle la vista de encima, agregó: “Le aseguro que si a usted le hubieran matado a un hijo ya hubiera agarrado a los asesinos. Aquí el gobernador y el alcalde siempre dicen lo mismo, prometen justicia pero no la tenemos; ¡yo quiero justicia!”
Con lágrimas en los ojos, prosiguió: “Póngase en mi lugar, a ver qué siento yo; yo quiero a mis hijos”.

Luego, volteó hacia el auditorio y reclamó: “Ustedes señores no dicen nada, pero le aplauden al Presidente, hagan algo”.
Imperturbables, Calderón y su esposa Margarita Zavala sólo veían a la mujer. Ninguno atinó a decir algo.

En medio de ese silencio, Luz María Dávila se dirigió a su lugar. Antes de llegar al asiento que le asignaron, estuvo a punto de desvanecerse, pero manos ajenas la sostuvieron antes de que cayera al suelo.

El incidente rompió el silencio. Margarita Zavala se levantó de su lugar y, trastabillando, evadió a los miembros del Estado Mayor Presidencial, y se acerco hasta donde se encontraba la mujer que momentos antes había dejado escapar la ira contenida por el dolor de haber perdido a su hijo.

En la reunión denominada “Todos somos Juárez, en la que estuvieron presentes los integrantes del Gabinete Social, una de las ponentes, Julia Monadez, habló de la situación que enfrenta esta ciudad fronteriza.

Se quejó de que Juárez “está siendo abandonado” y destacó que desde que el presidente Calderón declaró la “guerra” al narcotráfico, 116 mil casas habitación han quedado abandonadas, mientras que en sólo un año se han registrado 300 casos de asesinatos de mujeres; además del “juvenicidio” desbordado que se desató con el crimen de 15 estudiantes y más de 10 heridos a manos del crimen organizado; habló también de que 53% de los jóvenes no tiene acceso a la educación.

En la reunión también estuvo el obispo Renato Ascencio León, quien dijo: “Estamos rodeados de militares y policías pero en lugar de bajar la violencia, parece que arrecia; tenemos en dos años 5 mil asesinados.

Alfonso Murguía Chavéz, representante de la Iglesia evangelista, señaló que el gobierno, aun con sus buenas intenciones, tiene grandes limitantes y no han podido combatir la delincuencia y terminar con la violencia.

Por su parte, Manuel Ortega Fernández, representante de la mesa empresarial, señaló que 30% de las empresas ha cerrado y que la economía de Juárez está colapsada desde el 2009.

Solicitó una amnistía fiscal por parte de la Secretaría de Hacienda y del Instituto Mexicano del Seguro Social.

En ese momento desde la tribuna, a gritos, una asistente denunció que afuera del salón Cibeles, donde se llevaba a cabo la reunión, un grupo de jóvenes estudiantes estaba siendo reprimido y golpeado por militares y policías federales. Felipe Calderón ignoró la denuncia y ordenó siguiera la reunión, que se concluyera el programa preparado, como si nada estuviera ocurriendo.

Sin embargo, ante la insistencia de la gente, el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont le murmuró algo, para inmediatamente abandonar el salón y enfrentar a los manifestantes quienes lo recibieron entre gritos de ¡asesino!, ¡asesino!. Ante los gritos, Gómez Mont dirigió sus manos hacia uno de los jóvenes y le reviró: "yo tengo las manos limpias".

Una mujer que se encontraba frente al funcionario le dijo: "lo único que queremos es que renuncie Calderón, el gobernador y el alcalde, porque no sirven para nada".

Cuando se retiraba Gómez Mont, una mano le alcanzó a tocar por atrás la cabeza. El funcionario volteó y le recriminó: ¿esa es manera de dialogar? y se subió a una camioneta que lo alejó del lugar.

“Reconstruyamos nuestra ciudad”

El presidente Calderón llegó acompañado de los secretarios , Gerardo García Luna, de Seguridad Pública; Jesús Heriberto Félix, de Desarrollo Social; Alonso Lujambio, de Educación; José Ángel Córdova, de Salud; Javier Lozano, del Trabajo, y Gerardo Ruiz Mateos, de Economía, así como del procurador general de la República, Arturo Chávez.

Cada uno, con actitud triunfalista, presentó el programa “Reconstruyamos nuestra ciudad”, que constituyó la propuesta del gobierno federal para terminar con la violencia en Juárez.

Cada uno de los secretarios fue increpado por los asistentes con expresiones como: “Eso no funciona aquí”, “queremos una evaluación real”, “Usted miente, señor presidente, a dos años de su visita no se han evaluado los compromisos que usted asumió con la sociedad juarense”, “Quién nos va a responder por esto”. Otra persona presente denunció que uno de los comisionados del Operativo Chihuahua, sin mencionar su nombre, tiene antecedentes penales.

Finalmente, Felipe Calderón, en su tercera y última intervención, anunció que regresará el próximo miércoles para hacer una evaluación de las primeras propuestas.

Mientras la reunión se llevaba a cabo, la violencia continúó imparable en esta ciudad fronteriza: dos personas fueron asesinadas en la zona conocida como “El Nuevo Juárez”. Paralelamente, afuera del salón Los Cibeles, agentes de la Policía Federal Preventiva y elementos del Ejército agredieron física y verbalmente a un grupo de jóvenes universitarios que solicitaban ser escuchados por Calderón.

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