El triunfo del Tri inició la fiesta del todo se vale

Posted on 18 giugno 2010

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Muchas calles estuvieron desiertas durante 90 minutos de hipnotismo colectivo

Más de 70 mil personas presenciaron en el Zócalo la victoria sobre Francia

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En el Zócalo capitalino, más de 70 mil personas sudaron con gozoFoto Carlos Ramos Mamahua

Enrique Méndez

Periódico La Jornada
Viernes 18 de junio de 2010, p. 2

Noventa minutos de hipnotismo colectivo corrigieron el imaginario nacional ayer. Con dos goles se convirtió en instantáneo triunfo una historia reciente de derrotas. Por fin el gozo: ¡ganamos, ganamos! La alegría que se mezcla en llanto desde el submundo del Metro a la gloria del Ángel. La victoria de 11 jugadores asumida como propia en calles, cantinas, taquerías. Desde el despacho en Polanco hasta el changarro de barrio. ¡Viva Tepito!, gritó el fan de Cuauhtémoc Blanco, veterano de tres mundiales. ¡Viva México cabrones!, clamó la ciudad.

No se incluirá en los libros, pero es más seguro que quienes siguieron ayer el partido recordarán muchos años este jueves en el que la selección nacional pasó por encima de un débil rival, confrontado en sus filas, y al que se le jugó sin complejos.

La ciudad prácticamente se detuvo durante dos horas. Millones de personas se pegaron a las televisiones, a sufrir el primer tiempo por los errores de siempre, el exceso de faltas y tarjetas, y a cacarear el segundo. Correr al Ángel de la Independencia y luego a dormir en paz.

La euforia hizo casi invisible el plantón de los trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas en Paseo de la Reforma, frente a las oficinas de la Comisión Federal de Electricidad, y la manta de apoyo total a Cananea se extravió entre las banderas tricolores.

Porque lo de ayer fue sólo futbol.

Así que primero buscar un buen lugar, amarrar la mejor mesa frente a la pantalla de plasma. En el Fan Fest capitalino, sudor a sudor con otros 70 mil. El partido con Francia dejó desiertos los grandes almacenes del centro: en el Nuevo Mundo, El Palacio de Hierro, Liverpool y la Farmacia París, ni las moscas. Y también detuvo las actividades en la sede del gobierno de la ciudad.

Ya, listos. Y luego a sufrir, desde el minuto dos con el trallazo de Giovanni dos Santos al poste, y otra vez el Guille Franco, que no le encuentra el modo al balón. Entre los taquitos, cervezas y tragos, también galopaba la desesperación ante el gol negado. Si Javier Aguirre arrojó la botella de agua por las tarjetas amarillas desbordadas, otra ronda para acá.

En el cero cero del final del primer tiempo, la botana es Aguirre: ¿Ese es el México del sí se puede?

Ya se veía: Francia no traía nada, pero igual los 45 minutos iniciales repetían la historia del ya merito, ya casi, qué bien juegan estos muchachos… pero no concretan.

Mario, el veterano mesero del Latino, de Antonio Caso, se lució con un plato de quesadillas de chicharrón en salsa verde.

–¿Y este plato, qué?

–De la casa, por el triunfo.

–¿Cuál?

–Un 3-2, mínimo 2-1. Oiga lo que le digo.

Pero no se veía por dónde, con todo y el juego saleroso de Giovanni, las descolgadas de Salcido. Llegada tras llegada, el error.

El segundo tiempo trajo el ingreso del Chicharito Javier Hernández, el pase espléndido de Rafa Márquez, para el gol. ¡Gooooooooooool! Y luego, el clavadazo de Carlos Barrera en el área chica. Que fue penal, que no, que sí. Total, el árbitro ya lo marcó. Es penal, haiga sido como haiga sido, punzó el de a lado.

Y empieza el nervio, se aparece el fantasma de Hugo Sánchez. “¡Venga, Cuau!” “¡Métela, Cuau!” “¡Es tuya, Cuau!” Todos de pie se asombran de que el Temo tome tanto vuelo y cobre desde fuera del área. ¡Gooooooooooool!

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El Ángel de la Independencia fue testigo una vez más de la euforia desatada por la victoria 2-0 de México sobre Francia. Hasta la noche de este jueves los aficionados seguían celebrandoFoto Alfredo Domínguez

El grito no tiene fin. Miles festejan el segundo tanto bien colocado, abajo, inalcanzable. Y empieza la peregrinación al Ángel. El jefe de Gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, se quedó en su oficina. Me voy a trabajar, tengo que cuidar el Ángel y el Zócalo.

Ebrard invitó a sus colaboradores a ver el juego en una pantalla gigante. Se frotaba las manos, cruzaba las piernas y apenas intercambió un par de comentarios con Alejandra Moreno Toscano, autoridad del Centro Histórico. En el primer gol se abrazaron y el titular de Seguridad Pública, Manuel Mondragón, no se aguantó las ganas de hacer sonar una trompeta.

En la calle, miles agarraron el rumbo del Ángel. Colgados en los pilares de acero de lo que será la nueva sede de la Cámara de Senadores, un grupo de herreros también ondeó una bandera nacional. Y el Cielito lindo fue con dedicatoria especial para los derrotados: Ay, ay, ay, Francia no llores…!

A Jean, un francés guía de turistas con residencia en México, le salió cara la ocurrencia de presentarse, solitario, en el Ángel con una banderita de su país. ¡Que lo encueren, que lo encueren!, exclamó la masa que lo sujetó y lo arrojó al aire. Manoseado, lívido y bañado en espuma, cuando finalmente lo soltaron, Jean huyó.

¡Hoy todo se vale!, fue el grito.

Y como ayer sí había pretexto, muchos de los que se presentaron en la Columna de la Independencia llegaron con cervezas. Así, le dieron vueltas y vueltas a la glorieta, con un solo grito. ¿Y dónde están, y dónde están, esos franceses que nos iban a ganar?

El festejo se convirtió en romería. Caldo de camarón, diez pesos. Cuatro sincronizadas por diez, esquites a 15 y las camisetas a 30.

El saldo fue casi blanco: la policía capitalina detuvo a 64 personas por ambulantaje y beber en la calle, los servicios médicos atendieron a un herido por una cortada en el tobillo. En el Zócalo una persona fue detenida por quemar luces de bengala.

A las ocho de la noche la Secretaría de Seguridad Pública detuvo la llegada de personas al Ángel y comenzó a mandar a los rezagados a sus casas.

Recargado en la valla que divide el flujo de personas en el transbordo de la estación Pino Suárez, todavía mudo de no creerlo aunque lo vio, el malabarista Jesús Flores comenzó a llorar.

No tenía dónde más ver el partido, así que se quedó las dos horas en los pasillos de la estación. “Es un orgullo que México le ganara 2-0 a un subcampeón. Mis respetos para el Cuau, es un viejo del barrio, siempre rescata los partidos. Y el Chicharito es un nuevo valor”.

El festejo alcanzo a los selectos asistentes al concierto del tenor Rolando Villazón, quien anoche celebró: sí se pudo, mexicanos; sí se puede.

La celebración continuó en las calles, continuó en las casas. De Polanco a los barrios. Ahora sí, el gozo colectivo: ¡ganamos, ganamos!

Con información de César Arellano y Mirna Servín

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